Imagen explicativa de robar

A todos se nos llena la boca diciendo que estamos cansados de que los políticos roben. Y muchas veces razón no falta. Pero quizá conviene hacerse una pregunta incómoda:

¿Qué es robar para cada uno de nosotros?

Porque los políticos, en democracia, no aparecen de la nada. Salen de la sociedad. Son, en buena parte, un reflejo de ella. Por eso, antes de señalar siempre hacia arriba, quizá deberíamos mirar también hacia lo pequeño, hacia lo cotidiano, hacia esas conductas que muchas veces justificamos porque “no tienen importancia”.

Un trabajador de banca que se lleva a su casa bolígrafos de publicidad de la oficina, ¿está robando?

Un sanitario que se lleva botes de gel, gasas o algunas tiritas del centro de salud, ¿está robando?

Un profesor que se lleva fajos de folios del colegio para usarlos en casa, ¿está robando?

Un trabajador que se queda en la oficina con la excusa de terminar un trabajo y, en realidad, utiliza ese tiempo para fotocopiar un libro para su hijo con la fotocopiadora de la empresa, usando papel, tóner, electricidad y tiempo de trabajo, ¿está robando?

Una persona que encuentra una herramienta olvidada por una empresa de jardinería en su casa y, en vez de avisar para devolverla, la guarda en el trastero, ¿está robando?

La respuesta puede resultar incómoda, pero es sencilla: si algo no es tuyo, si no tienes autorización para cogerlo, usarlo o quedártelo, y aun así lo haces en beneficio propio, estás apropiándote de algo ajeno. Aunque valga poco. Aunque nadie lo vea. Aunque parezca una tontería. Aunque “la empresa gana mucho”. Aunque “lo público es de todos”.

Pero hay otra forma de apropiarse de lo ajeno que muchas veces ni siquiera se reconoce como robo: no pagar el trabajo de los demás.

Exigir que un trabajador trabaje una hora más y no pagársela, ¿es robar?

Pedir a una empresa de jardinería trabajos extra que no están en contrato y pretender que los haga gratis, ¿es robar?

Ordenar a unos jardineros que retiren restos que ellos no han generado, ramas cortadas por un vecino en su patio particular, basura dejada por otros, muebles abandonados en una zona común o trabajos que otra persona ha dejado a medias, sin pagar ese trabajo, ¿es robar?

Esta es la cuestión principal.

Porque robar no siempre consiste en llevarse dinero o esconder una herramienta. A veces se roba tiempo. Se roba esfuerzo. Se roba maquinaria. Se roba combustible. Se roba organización. Se roba responsabilidad. Se roba oficio.

Y eso también tiene valor.

En muchas comunidades de propietarios y administraciones de fincas ocurre con demasiada frecuencia. Se contrata a una empresa para un servicio concreto, pero poco a poco empiezan los añadidos:

“Ya que estáis aquí, retirad esto.”
“Ya que estáis aquí, llevad también estas ramas.”
“Ya que estáis aquí, quitad ese mueble.”
“Ya que estáis aquí, terminad lo que otro ha dejado a medias.”
“Ya que estáis aquí, recoged la basura que ha dejado un vecino.”

Y todo se pide como si no costara nada. Como si el trabajador no tuviera sueldo. Como si el vehículo no consumiera. Como si las herramientas no se desgastaran. Como si retirar residuos no llevara tiempo. Como si la empresa no tuviera que organizar personas, medios, seguros, responsabilidad y costes.

Aquí aparece una idea muy curiosa: robar para otro.

Un vecino corta ramas de su patio particular y las deja en una zona común. Otro abandona un mueble viejo donde no corresponde. Alguien deja basura. Otra empresa realiza una tarea a medias. Otro proveedor no recoge sus restos. Y entonces alguien decide que la solución es sencilla:

“Que lo recojan los jardineros.”

Pero los jardineros no han generado ese residuo. La empresa no ha presupuestado ese trabajo. Ese servicio no está contratado. Ese tiempo no está incluido. Ese coste no le corresponde.

Entonces, si alguien exige que se haga gratis, ¿qué está haciendo realmente?

Está trasladando a una empresa un coste que pertenece a otro. Está usando el trabajo de unos para tapar la responsabilidad de otros. Está cargando sobre un profesional una obligación que nadie quiere pagar.

Y eso, aunque se disfrace de gestión, de favor o de sentido práctico, es una forma de apropiarse del trabajo ajeno.

Es robar trabajo.

Se roba trabajo cuando se exige una hora más y no se paga. Se roba trabajo cuando se encargan tareas fuera de contrato sin abonarlas. Se roba trabajo cuando se abusa de la buena voluntad. Se roba trabajo cuando se convierte la colaboración en obligación. Se roba trabajo cuando se da por supuesto que “eso entra” sin que esté escrito ni pactado.

Y conviene decirlo claro: si no cobras por lo que haces, parece que tu trabajo no vale nada.

Todos queremos que se valore nuestro trabajo. Todos queremos cobrar nuestras horas. Todos queremos que se respeten nuestras condiciones. Todos queremos que no se aprovechen de nosotros. Entonces, si valoramos nuestro trabajo, ¿por qué no ponemos en valor el trabajo de los demás?

¿Por qué un administrativo debe cobrar su hora y un jardinero debe regalarla?

¿Por qué un técnico debe facturar su desplazamiento y una empresa de mantenimiento debe asumirlo sin coste?

Ahí está la doble moral.

Nos escandaliza el político que roba pero a veces normalizamos al administrador que exige trabajos no contratados. Nos enfada el abuso de poder, pero toleramos pequeños abusos diarios sobre trabajadores y empresas. Criticamos la corrupción grande, pero justificamos el aprovechamiento pequeño.

Y quizá ambas cosas nacen de la misma raíz: creer que lo ajeno puede usarse sin permiso cuando nos conviene.

Pero lo que no es tuyo, no es tuyo. Y el trabajo de otro tampoco es tuyo.

Una cosa es colaborar ante una urgencia razonable. Otra muy distinta es convertir la colaboración en obligación. Una cosa es tener buena voluntad. Otra cosa es permitir que esa buena voluntad se utilice como puerta abierta al abuso.

El jardinero no es el responsable universal de todo lo que ocurre en una zona común. El personal de limpieza no es culpable de que otros ensucien. El mantenedor no debe reparar gratis lo que otros rompen. La empresa contratada no tiene por qué asumir sin coste las tareas de vecinos, terceros o empresas que han dejado trabajos a medias.

¿Solo es robar cuando lo hacen los políticos?

La honradez no se demuestra únicamente criticando al corrupto. Se demuestra en lo pequeño. En devolver lo que no es nuestro. En no usar recursos ajenos para fines particulares. En respetar los contratos. En pagar las horas trabajadas. En no exigir gratis lo que tiene coste. En no abusar de la buena voluntad.

Porque cuando todo el mundo justifica su pequeño abuso, el abuso termina convirtiéndose en cultura.

Y después nos sorprendemos de que quienes nos representan hagan lo mismo, pero a mayor escala.

LLAMAR 658 905 601